Con una defensa de acero y un arquero convertido en leyenda, Paraguay eliminó a Alemania por penales y firmó una de las páginas más doradas de su historia mundialista.
El fútbol volvió a escribir una de esas noches mágicas que trascienden generaciones. En el Gillette Stadium de Massachusetts, Paraguay protagonizó la gran campanada del Mundial 2026 al dejar en el camino a la temida Alemania, en una eliminatoria que se resolvió por la vía de los penales (4-3) tras el empate 1-1 en el tiempo regular y la prórroga.
El partido, correspondiente a los dieciseisavos de final, tuvo todos los ingredientes del drama. La primera gran alegría llegó antes del descanso, cuando el joven Julio Enciso, figura del Brighton inglés, conectó un cabezazo inapelable para adelantar a los sudamericanos. Pero la respuesta germana no se hizo esperar: Kai Havertz, con otra diana de cabeza, restableció la igualdad apenas iniciado el complemento.
La prórroga fue un infierno para los corazones paraguayos. En el minuto 102, Jonathan Tah celebró lo que parecía el gol del triunfo alemán, pero el VAR intervino con precisión quirúrgica para anularlo por una falta sobre el arquero Orlando Gill. Esa intervención tecnológica cambió el destino del partido.
En la tanda de penales, el mismo Gill se vistió de salvador. Atajó los disparos de Havertz y de Woltemade, mientras que José Canale asumió la responsabilidad y ejecutó el penal definitivo que desató el éxtasis en la tribuna y en cada rincón de Paraguay. El presidente Santiago Peña, en un gesto histórico, decretó feriado nacional para celebrar la gesta.
La eliminación supone un nuevo golpe para la maquinaria alemana, que suma su tercera participación seguida sin poder pasar de la primera ronda eliminatoria. En cambio, para la Albirroja se abre un horizonte de ilusión. Su próximo rival saldrá del duelo entre Francia y Suecia, y el país entero ya sueña con igualar o superar los cuartos de final alcanzados en Sudáfrica 2010.
Una noche perfecta, un arquero heroico y un país que vibra al ritmo de su selección. El Mundial 2026 ya tiene su primer gran cuento de hadas.

