El 1° de mayo de 2026, en la antesala del Día del Trabajador, se conoció la trágica noticia del suicidio de Javier López, un ex empleado de la fábrica de porcelanatos ILVA, ubicada en el Parque Industrial de Pilar.
López, conocido por sus compañeros como “Oveja”, era operario del área de control de procesos y había trabajado en la empresa durante décadas. Según reconstruyeron sus allegados, había aceptado un retiro voluntario un mes antes del cierre definitivo de la planta, ocurrido en agosto de 2025. El acuerdo incluía el pago de su indemnización en cuotas, pero la empresa solo le abonó un mes y luego incumplió, dejándolo en la misma situación de desamparo que el resto de los 300 trabajadores despedidos .
La madrugada del viernes, López salió de su casa diciendo que iba a caminar y se quitó la vida arrojándose a las vías del tren. “No pudo soportar más lo que estamos padeciendo”, expresaron sus ex compañeros en un comunicado difundido a través de la página de Facebook Despedidos de ILVA .
Desde el cierre de la planta, los trabajadores mantienen un acampe permanente frente a los portones cerrados con candado, con cortes en la Panamericana y escraches a directivos, exigiendo el pago de indemnizaciones y salarios adeudados . El caso generó conmoción y reavivó el debate sobre el impacto psicológico de los conflictos laborales prolongados.

